Titulo: El Guardián entre el centeno. Autor: J.D.Salinger.
Alianza Editorial. 228 páginas.
Desde el brocal del pozo.
A mi entender, El Guardián entre el centeno es un tropo de la soledad y del sinsentido de la vida. También es un prodigio de narración. En la novela se relata con desenvuelta sencillez la búsqueda de sí mismo de un ser inadaptado.
El protagonista de la novela, Holden Caulfield, es un joven neoyorkino de familia adinerada que vive una existencia confusa y atormentada. Caulfield, casi un adolescente --y sin casi, pues sólo tiene dieciséis años--, es expulsado de Pencey, el colegio donde estudia en régimen de internado. Es la cuarta vez que es expulsado de una escuela. Son fechas previas a las vacaciones de navidad, y en su casa lo esperan para el miércoles de la semana siguiente. Sin embargo, Holden, la noche del sábado, cinco días antes de lo previsto, decide abandonar el colegio, después de haber tenido una pelea con su compañero de habitación y de pasar un día lleno de vicisitudes. Desde Agerstown, Pennsylvania, sede de Pencey, viaja en tren a Nueva York, y durante aquella misma noche y los dos días siguientes deambula por la gran ciudad, matando el tiempo y derrochando en alcohol el dinero que llevaba consigo, mientras llega el miércoles para volver con su familia. La idea de la demora se fundamenta en el deseo del muchacho de que sus padres reciban en el intervalo de su vagabundeo la carta del director con la mala nueva de la expulsión, y no de su propia persona con su llegar anticipado, con el ánimo de amortiguar las consecuencias de su acto.
La novela de El Guardián… se ciñe exclusivamente al relato de esas tres jornadas. En ellas el protagonista nos da cuenta en primera persona desde su estadía en un sanatorio mental de las peripecias vividas en su errar sin rumbo, mezclándolas con sus recuerdos de otros momentos y su desbordante imaginación. Como cualquier persona insatisfecha no rehúye de la fantasía como suplantadora de la realidad que lo desalienta. Con un lenguaje claro y directo, dentro de un decir llano que tiende a veces a ser grosero sin escamotear el insulto, y otras mueve a la sonrisa, nos marca con crudeza la línea que lo va arrastrando hacia el abismo de la desesperación.
Holden Caulfield detesta el mundo que lo rodea, la hipocresía, la vulgaridad, la estupidez… En su filantrópica humanidad, no esconde sus contradicciones, ni sus odios, ni sus miedos, ni sus sueños, etc., y nos muestra de forma sincera el recorrido de su penosa existencia mientras busca su propia identidad, al tiempo que nos retrata de forma descarnada los distintos estratos de la sociedad americana a los que tiene acceso.
Una maravilla de libro.
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jueves, 8 de enero de 2009
domingo, 4 de enero de 2009
MIS LECTURAS EN 2009.
Titulo: Al morir don Quijote. Autor: Andrés Trapiello.
Al morir don Quijote, es una novela impregnada de verdadero espíritu cervantino y de amena y agradecida lectura. En poco más de cuatrocientas páginas de formato generoso, su autor, Andrés Trapiello, ha compuesto, con maestría excelente, un delicioso retablo con los personajes, asuntos y demás tramoya de la inmortal obra de Miguel de Cervantes, a raíz de la muerte de su protagonista principal, Alonso Quijano.
Dicho de forma exagerada, la novela de Trapiello podría considerarse un apéndice natural del libro El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, sin menoscabo de la obra matriz, pues tanto su estructura argumental como su estilo narrativo, preñado de una prosa renacentista pulida por el tiempo, nos transporta sin brusquedades a su maravilloso universo de dualidades confrontadas. Con remozado interés, Al morir don Quijote nos hace respirar a sus lectores la misma atmósfera de noble estremecimiento que nos produce la genial obra del alcalaíno, aunque, en honor a la verdad, con un poco menos de donaire y mayor criticismo, sin carecer tampoco del buen humor que reviste el modelo. En cierto modo, el relato de Andrés Trapiello es una prolongación vindicativa, de tono desigual, del libro de Cervantes, a la par complementario y autónomo, lo que hace que al mismo tiempo lo emparente y lo aleje del patrón original.
No sabría decir con exactitud si la novela de Trapiello deja fuera de su trama alguna situación irrelevante u omite a alguno de los múltiples personajes secundarios e intrascendente de los que aparecen en el Quijote, ya que no me he dedicado a cotejar sus páginas con lupa, sino que desde las primeras líneas me zambullí de pleno en el puro placer de la lectura, pero la sensación final que me queda al concluir ésta es que nada importante se le olvidó a su autor, yo diría que ni lo más insignificante, pues hasta aparece mencionado en la historia Juan de las Cuevas, el impresor de la primera edición, dada la puntualidad y arrojo con la que acomete la empresa.
Con Al morir don Quijote, Andrés Trapiello ha creado una bella novela tomando como base la madre de las narraciones en castellano, ha fabricado un hermoso tapiz con los hilos sueltos del Ingenioso Hidalgo…, donde cada nudo se cose con el que corresponde de manera precisa y consecuente, para gozo y deleite de la inmensa cofradía de los seguidores de Cervantes y, en concreto, para los seguidores del Quijote.
Al morir don Quijote, es una novela impregnada de verdadero espíritu cervantino y de amena y agradecida lectura. En poco más de cuatrocientas páginas de formato generoso, su autor, Andrés Trapiello, ha compuesto, con maestría excelente, un delicioso retablo con los personajes, asuntos y demás tramoya de la inmortal obra de Miguel de Cervantes, a raíz de la muerte de su protagonista principal, Alonso Quijano.
Dicho de forma exagerada, la novela de Trapiello podría considerarse un apéndice natural del libro El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, sin menoscabo de la obra matriz, pues tanto su estructura argumental como su estilo narrativo, preñado de una prosa renacentista pulida por el tiempo, nos transporta sin brusquedades a su maravilloso universo de dualidades confrontadas. Con remozado interés, Al morir don Quijote nos hace respirar a sus lectores la misma atmósfera de noble estremecimiento que nos produce la genial obra del alcalaíno, aunque, en honor a la verdad, con un poco menos de donaire y mayor criticismo, sin carecer tampoco del buen humor que reviste el modelo. En cierto modo, el relato de Andrés Trapiello es una prolongación vindicativa, de tono desigual, del libro de Cervantes, a la par complementario y autónomo, lo que hace que al mismo tiempo lo emparente y lo aleje del patrón original.
No sabría decir con exactitud si la novela de Trapiello deja fuera de su trama alguna situación irrelevante u omite a alguno de los múltiples personajes secundarios e intrascendente de los que aparecen en el Quijote, ya que no me he dedicado a cotejar sus páginas con lupa, sino que desde las primeras líneas me zambullí de pleno en el puro placer de la lectura, pero la sensación final que me queda al concluir ésta es que nada importante se le olvidó a su autor, yo diría que ni lo más insignificante, pues hasta aparece mencionado en la historia Juan de las Cuevas, el impresor de la primera edición, dada la puntualidad y arrojo con la que acomete la empresa.
Con Al morir don Quijote, Andrés Trapiello ha creado una bella novela tomando como base la madre de las narraciones en castellano, ha fabricado un hermoso tapiz con los hilos sueltos del Ingenioso Hidalgo…, donde cada nudo se cose con el que corresponde de manera precisa y consecuente, para gozo y deleite de la inmensa cofradía de los seguidores de Cervantes y, en concreto, para los seguidores del Quijote.
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